La búsqueda de empleo en tiempos de crisis

La búsqueda de empleo en tiempos de crisisJosé Vera es Profesor en el Master en Administración y Dirección de Recursos Humanos: Gestión de Personas en un Entorno Globalizado de Bureau Veritas Centro Universitario.

Si partimos del supuesto de que en las épocas en las que se puede disfrutar de una cierta estabilidad socio-económica, la búsqueda de empleo puede ser una tarea ardua; qué no decir cuando dicha búsqueda la tenemos que hacer en unas épocas como la actual, en las que la pertinaz (y, con perdón, maldita) crisis parece haberse instalado entre nosotros de forma casi estructural.

En cualquier caso, tenemos que empezar por rechazar la idea de que todo lo que nos ocurre es por culpa de la crisis. La crisis, como tal, no existe; es una pura entelequia. La crisis real es una situación (esperemos coyuntural) que hemos creado los seres humanos con nuestro comportamiento socio-económico y de la que saldremos por integración de todos los esfuerzos individuales. No esperemos la aparición de ningún mesías, ni de ningún superhéroe. Lo que no hagamos cada uno de nosotros para salir de esta situación, no nos lo hará nadie.

No obstante, y de acuerdo con uno de los múltiples enunciados de la conocida y pesimista “Ley de Murphy”, cualquier situación, por mala que sea, siempre tiene que ser motivo de generación de esperanza. Como dice el personaje Igor (genialmente interpretado por el desaparecido Marty Feldman), el ayudante del Doctor Frankenstein, en la famosa escena del cementerio en la inefable película de Mel Brooks (El jovencito Frankenstein):

¡Podía ser peor! ¡Podría llover!

 Basándonos en los dos kanjis (ideogramas) con los que los chinos y japoneses describen el concepto de crisis, siempre tenemos que ser optimistas, por muy aguda que sea dicha crisis.

ideogramas

Para los que no tenemos la suerte (o la habilidad) de conocer el idioma chino (sea mandarín, o no) o el japonés, el primero de los dos kanjis significa claramente “peligro”; pero el segundo expresa la idea de “oportunidad”. En mi opinión, creo que es una forma muy sabia y, sobre todo, muy sensata de describir un concepto tan complejo y, muchas veces, tan mal utilizado y abusado.

Con este pequeño preámbulo solo quiero apuntar que la búsqueda de empleo en tiempos de crisis,

¡No es una Misión Imposible!

No hay que olvidar que las fatídicas cifras sobre el número de desempleados que, periódica e insistentemente, publica el Instituto Nacional de Estadística (INE) a través de la Encuesta de Población Activa (la tan conocida EPA), así como la que publica el Instituto Nacional de Empleo (INEM) sobre los ciudadanos en búsqueda de trabajo y que tan machaconamente nos recuerdan, más que a diario, todos los medios de comunicación; son el resultado de una suma algebraica compuesta por los puestos que se pierden a través de los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE’s), pero también por los nuevos empleos que se van creando. A pesar de que, hoy en día, los elementos negativos de dicha suma algebraica superan a los positivos y aunque a veces no lo parezca, la vida continúa y son muchas las empresas que siguen contratando empleados, bien por rotación o por crecimiento vegetativo.

Pues bien, a la hora de buscar empleo, habrá que estar mucho más atentos a estos últimos, que a los primeros. Siempre hay que mirar al vaso que está medio lleno y dejar de lado el que nos parece medio vacío.

En tiempos de escasa actividad económica, los medios habituales de prospección de nuevos empleos (prensa, portales de empleo, “web’s” de las empresas), se convierten en muy poco eficaces. Estadísticas demostrables de empresas consultoras en temas de Recursos Humanos, nos indican que (aproximadamente) el ochenta por ciento (80%) de las ofertas de empleo actuales se mueven dentro de lo que se ha dado en llamar mercado oculto, es decir, en los medios de comunicación poco tradicionales. Lo que se llama más coloquialmente: el canalboca-oreja. Solo el veinte por ciento (20%) restante aparece en los canales llamados habituales en épocas que podríamos definir como estables. Por lo tanto, para la búsqueda de un nuevo empleo en épocas turbulentas habrá que desarrollar y potenciar nuestra red de contactos, centrándonos en aquellas personas que quieran y puedan (dos condiciones indispensables y simultáneas) acompañarnos en dicho proceso de búsqueda. Los que quieran y no puedan (voluntaristas), no nos van a ayudar demasiado; pero son peores aquellos que pudiendo, no quieren. Con amigos como esos, ¡para qué querer tener enemigos!

Al desarrollar la red de contactos, no se trata de trasladar a terceros la responsabilidad de nuestro proyecto, pero sí de apoyarnos en ellos para facilitarnos el duro trabajo que supone la búsqueda de un nuevo trabajo. Digo duro porque, si en tiempos de bonanza la tarea es compleja, en estos tiempos de crisis tendremos que redoblar los esfuerzos para hacer un buen trabajo de búsqueda que se traduzca en el éxito de un nuevo empleo.

La búsqueda deberá estar centrada en aquellas empresas que nos hayamos marcado como objetivo, dejando de lado aquellas otras que no muestren posibilidades de ofrecer un empleo. Tendrá que ser una búsqueda más activa, si cabe, que en épocas de estabilidad. Habrá que estar muy atento a cualquier tipo de señal que nos indique que estamos caminando en la buena dirección. No se trata de disparar a todo lo que se mueve, sino de ser selectivos a la hora de dirigir nuestros esfuerzos. Para ello deberemos planificar nuestra agenda repartiendo el tiempo entre lectura de prensa (no solo la sección de las pocas ofertas de empleo que publican), la búsqueda por Internet (muy cómoda, pero no sé si muy eficaz) y, sobre todo, las salidas al exterior. Parafraseando a la serie de televisión “Hill Street Blues”:

“El trabajo está ahí fuera”.

 Para ello deberemos movernos en aquellos círculos más relacionados con el empleo: Consultores de recursos Humanos, ciclos de conferencias relacionadas con el tema, eventos promovidos por asociaciones profesionales, etc. En todos ellos se mueven ese perfil de profesionales a los que se les suele preguntar: “Oye, ¿conoces a alguien que tenga este perfil profesional?” Si ese tipo de profesionales llega a saber que estamos en búsqueda de empleo y conoce nuestro perfil, será más fácil que se acuerden de nosotros a la hora de proponer candidatos.

Quiero transmitir aquí un consejo que escuché a un experto en el mercado laboral: “No comas nunca solo”. Con ello no quiero decir que haya que estar buscando continuamente un compañero de mesa, sino que habrá que poner especial cuidado en el mantenimiento vivo de nuestra propia red social, obviamente sin llegar a pecar de demasiado persistentes. Hablando de redes sociales, mi recomendación es que hay que usarlas con moderación y centrando toda nuestra actividad solo en aquellas más profesionales. Nunca se sabe dónde puede estar escondida la oportunidad de un nuevo trabajo.

Cuando he escrito la frase: “El trabajo está ahí fuera”, también he querido referirme a la posibilidad de analizar la variante de la emigración. Lamentablemente, y debido a experiencias colectivas muy recientes, esta palabra (“emigración”) parece estar maldita, pero es así como el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define a los “movimientos de personas que buscan oportunidades de empleo fuera de sus fronteras habituales”. A pesar de los múltiples detractores de esta posibilidad profesional, y dada mi experiencia profesional (y personal), estoy plenamente convencido que una experiencia de trabajo (sea del tipo que sea) en otro país distinto del nuestro, no solo es enriquecedora en lo personal, sino que añade un plus intangible a nuestra currículo. Ya no se trata tanto de que otros países se aprovechen de una generación bien formada, sino de que el propio profesional que decide tener una experiencia profesional en el extranjero, añada a su trayectoria una experiencia cargada de gestión de la Diversidad.

A no olvidar esa otra variedad de encontrar un empleo que es la del auto-empleo. Sé que muchos de los eventuales lectores de este artículo dirán que este camino es más difícil que el tradicional; pero existen fórmulas de afrontar la vía del auto-empleo con pocos riesgos económicos. Lo importante para un buen emprendedor es tener una buena idea (un buen proyecto) a desarrollar y, sobre todo, lo que es más importante, saber encontrar buenos compañeros de viaje.

Lamentablemente, y debido a esta dilatada crisis, tendremos que tener muy en cuenta que, tanto las condiciones económicas como las laborales que podamos encontrar en el mercado de trabajo, no serán las mismas de antaño. No voy a entrar en la absurda discusión sobre de quien fue la culpa, sobre si son galgos o son podencos pero, lo que sí es cierto es que tardaremos mucho tiempo en recuperar la situación de euforia de las décadas pasadas. Por lo tanto, tendremos que saber acomodarnos a la dura y tozuda realidad.

No obstante, deberemos ser los suficientemente audaces e imaginativos como para saber mostrar todos nuestros puntos fuertes, todas nuestras competencias que nos diferencian de los demás candidatos-competidores. Es momento de analizar todas nuestras habilidades que nos capacitan para alcanzar el empleo deseado o, por lo menos, el más adecuado para nuestro futuro desarrollo profesional. No se trata tanto de encontrar el puesto de trabajo ideal, sino de abrir la vía que nos lleve a él, en el menor plazo de tiempo posible. Así, lo expliqué en un post previo, “La Gestión del Talento en tiempos de crisis“, en este mismo blog.

Mi teoría particular es que la Humanidad se mueve según una serie de ciclos sinusoidales, de frecuencia y amplitud bastante variables, pero sinusoidales a fin de cuentas. Ahora nos toca vivir una época de vacas flacas, pero el ser humano, con su capacidad de adaptación y recuperación, ha sabido salir de situaciones más complejas que la actual. Entre todos, habrá que hacer un esfuerzo para que vuelvan las vacas gordas pero, lo que sí es seguro, es que no volverán por el arte de birlibirloque.

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