Sostenibilidad. ¡Esa gran desconocida!

Sostenibilidad y RSCEl Profesor colaborador de Bureau Veritas Centro Universitario, José Vera, nos habla en este post sobre Sostenibilidad a propósito del Máster Oficial Universitario en Responsabilidad Corporativa.

Me permito la broma del subtítulo de este escrito sobre «Sostenibilidad» en base a dos ideas que me vinieron inmediatamente a la cabeza en el mismo instante en el que me llegó la solicitud de escribir sobre este tema, de tan de rabiosa actualidad.

La primera y más formal radica en el hecho que, hasta hace muy poco tiempo, la Real Academia Española de la Lengua no había incluido esta voz en su diccionario. Ahora solo dice:

Sostenibilidad: 1. f. Cualidad de sostenible.

Y como dice el refranero castellano: «Para este viaje…» A pesar de lo escueto de la definición tengo la impresión (casi certeza) de que, en los últimos años, este haya sido uno de los vocablos más utilizados, tanto verbalmente como por escrito, en todos los entornos de la gestión empresarial y política; pero sin llegar a tener la convicción de que quienes lo utilizan conozcan exactamente su significado más amplio. Es por ello que acostumbro a escribirlo con prudencia, es decir, entre comillas y con letra cursiva.

La segunda, tal vez algo más profunda, está basada en mi experiencia personal a lo largo de los diez últimos años en los que he tenido la oportunidad de tocar este tema de forma bastante directa. La «Sostenibilidad», salvo para grandes empresas y corporaciones o para algunos discursos políticos grandilocuentes, sigue siendo una asignatura pendiente que, debido a esta pertinaz crisis, tal vez tarde en acceder a esa segunda oportunidad de un mes de septiembre para una eventual recuperación.

El concepto de «Sostenibilidad» sigue siendo un gran desconocido para las pequeñas y medianas empresas y, sobre todo, para el gran público. A modo de ensayo, sugiero al lector (que tenga un poco de curiosidad) haga una pequeña encuesta entre sus allegados: amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc., de la que pueda sacar sus propias conclusiones.

No obstante y a pesar de este arranque ligeramente pesimista, soy de la firme convicción de que la «Sostenibilidad» ha «venido para quedarse» (como dice esa moderna y periodística muletilla) y que será un tema de primordial preocupación para los futuros gestores, tanto empresariales como políticos. Para argumentarlo, me apoyo en los siguientes pilares:

  • El pilar económico. Las empresas que no ganan dinero, no son sostenibles.
  • El pilar medioambiental. Hay que tener en cuenta la ecología a lo largo de todo el proceso de fabricación, en el sentido más amplio de su recorrido.
  • El pilar social. Entendiendo por social todo el espectro de grupos de interés (stakeholders) que interactúan alrededor de una empresa o institución. Y otro, no menos importante, que es.
  • Y el pilar de la ética que, por desgracia, es uno de los más abandonados y, sobre todo, menos valorados en estos últimos tiempos.

El primer pilar se explica por sí mismo. Creo que hay poco más que añadir. Se ha escrito mucho sobre esta condición sine qua non para que las empresas sobrevivan. El dinero es necesario no solo para la marcha corriente de las empresas, sino también para garantizar su futuro con inversiones adecuadas.

Sobre el segundo pilar, las nuevas generaciones han tomado conciencia sobre la necesidad de preservar el futuro del planeta y cada vez son más exigentes sobre los comportamientos ecológicamente sostenibles en todos los aspectos de la actividad humana. Aunque parafraseando al ingeniero-economista Leopoldo Abadía, tampoco tengo muy claro si lo que nos debe preocupar más es qué tipo de planeta queremos dejar a nuestros hijos y nietos; o qué hijos y nietos vamos a dejar a este pobre y viejo planeta. En cualquier caso, tampoco creo que haya mucho más que añadir para comprender el sentido de este pilar.

El pilar social puede parecer algo más subjetivo. No en vano se trata de sujetos, de personas; tanto a título individual como colectivo. Podríamos establecer un símil con las raíces de un árbol, cada una abarcando un colectivo diferente. Me estoy refiriendo a los empleados (en primer lugar), a los clientes, a los proveedores, a los accionistas, a los ciudadanos de nuestro entorno más cercano y, por extrapolación, a las instituciones socio-políticas a las que afecta cualquier actividad empresarial.

Estos tres primeros pilares son los que forman la ya conocida como «Triple Cuenta de Resultados» tan recomendada en todas las iniciativas sobre «Sostenibilidad», como principal elemento de medición y valoración de las empresas. Véase, a título ejemplo: la metodología GRI (Global Reporting Iniciative) o el DJSI (Down Jones Sustainability Index) de la bolsa de Nueva York.

Pero en último lugar, y no por ello menos importante, lo que sí tengo muy claro es que si, en términos generales (locales y mundiales), el ser humano no pone coto a este desmán, tan desgraciadamente actual, de que todo vale, nos podremos encontrar, a muy corto plazo, con que todos los pilares de la «Sostenibilidad» se vendrán abajo como las columnas del templo de los filisteos bajo la fuerza de un perverso Sansón, al que ninguna Dalila le haya podido cortar el pelo.

A modo de conclusión: La «Sostenibilidad», en su variante de tolerancia cero, deberá ser cosa de todos si queremos que el futuro inmediato sea sostenible. Sirva de cierre la siguiente frase que escuché a finales del pasado siglo, aunque no recuerdo su autor:

«El Siglo XXI tendrá que ser el siglo de la ética, o no habrá Siglo XXI»

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