P.R.L. (Un asunto particular)

José Vera: La Prevención de Riesgos LaboralesEl Profesor colaborador de Bureau Veritas Centro Universitario, José Vera, nos habla en este post sobre PRL a propósito del Máster Oficial Universitario en Gestión de la Prevención de Riesgos Laborales, la Excelencia, el Medio Ambiente y la Responsabilidad Corporativa.

Al sentarme frente al folio virtual que es la pantalla del ordenador para escribir sobre la Prevención de Riesgos Laborales («P.R.L.» para los iniciados en la materia), lo primero que me ha venido a la mente ha sido: un refrán, un eslogan y una paradoja.

  • El refrán es de los de castellano viejo, y dice:

«La caridad bien entendida, comienza por uno mismo»

Un dicho que, tal vez, los cristianos viejos no asuman con demasiada facilidad pero que, en el contexto de este artículo y como se verá más adelante, tiene mucho sentido.

  •             El eslogan (grito de guerra escocés de llamada a las armas) al que me refiero es algo más prosaico y poco popular, a pesar de su difusión por todos los medios de comunicación:

«Hacienda somos todos»

Cuando digo poco popular es porque en el momento en que escribo estas líneas estamos (todos los españoles) en pleno proceso de cumplir con la declaración a la Hacienda Pública.

  •             Y la paradoja, también de corte popular, dice:

«La seguridad total, como la verdad absoluta, no existe»

Y digo paradoja porque la propia palabra «seguridad» implica certeza, garantía, porcentaje cien (…), y todos sabemos que la seguridad total, por mucha prevención que tengamos, no existe. De ahí la necesidad de la prevención, del estado de alerta ante cualquier imprevisto.

Pues bien, hablar de seguridad (prevención) en el trabajo, en el empleo, implica tratar el tema con eso mismo, con mucha prevención, con mucha prudencia, aunque nunca sea mucha. Es por ello que no quisiera molestar con mis próximos comentarios a ninguno de los profesionales del tema que puedan llegar a leer este escrito.

Volviendo al subtítulo de este texto, quiero dejar bien sentado como principio que la seguridad, bien entendida, es un asunto muy particular. Comienza por uno mismo y debería tener sus orígenes en el mismísimo jardín de infancia; como una parte integral de nuestra cultura, entendida ésta en su sentido más amplio.

No podemos, ni debemos, dejar esa responsabilidad en manos de terceros, aunque siempre será bueno contar con especialistas que nos ayuden a entender mejor la prevención y a aplicar técnicas bien desarrolladas en base a experiencias anteriores, con la voluntad de que no se repitan. La gestión de la seguridad debería estar plenamente integrada en cada una de las fases de todos los sistemas de gestión de cualquier empresa o institución.

No es suficiente el hecho de que otros nos faciliten técnicas y medios de protección si luego no sabemos o no queremos (lo cual es mucho peor) utilizarlos. Si no se preocupa (previene) uno mismo por su seguridad, ¿quién se va a preocupar?

Y no me refiero solo a la seguridad en el trabajo, sino la que debemos aplicar a lo largo de las veinticuatro horas que tiene el día y los trescientos sesenta y cinco días que tiene el año. No hay que olvidar que los accidentes domésticos, e in itinere, son más frecuentes y, en general, más graves que los ocasionados en el propio lugar de trabajo.

Siguiendo con esas ideas que me han sobrevenido al inicio del escrito, quiero hacer hincapié en el eslogan. Seguridad y Prevención (como Hacienda) es una cosa de todos. No es suficiente el gesto de descargar toda la responsabilidad de nuestra seguridad en los jefes o mandos de la empresa o institución, ni en los técnicos responsables de la materia.

Ellos son los que deben velar por el buen cumplimiento de la normas y las reglas del juego, pero es el conjunto de la sociedad y de los individuos que la componen, el que tiene que colaborar con el buen fin estando atento a las deficiencias que se puedan evidenciar y, además, sugiriendo medidas que ayuden a la reducción o paliación de los efectos de una deficiente prevención de cualquier tipo de riesgo.

Cada uno de nosotros deberíamos actuar como agentes de prevención voluntarios cada vez que detectemos una situación de potencial riesgo de incidente o de accidente. Por la brevedad de este escrito no voy a entrar en detalles concretos, pero seguro que al eventual lector le vendrá a la memoria alguna situación en la que ha sido testigo de algún tipo de deficiencia que pudiera originar un riesgo, en cualquier ámbito de su vida.

Respecto a la paradoja, tal vez no sea del todo pernicioso el hecho de que la seguridad total no existe. Si tuviéramos la certeza de que nada malo nos puede ocurrir, nuestro comportamiento humano sería muy distinto.

Nuestra actitud ante la vida sería mucho más frívola. Esa falta de seguridad absoluta nos obliga a ser más prudentes en nuestras actuaciones, sean del tipo que sean aunque, a veces, alguno de nuestros congéneres nos dé muestras de un desprecio total a su vida cuando asume unos riesgos que pueden ser calificados de temerarios. A Albert Einstein se le atribuye la siguiente frase:

«El Universo y la estupidez humana no tienen límites; y no estoy muy seguro de lo primero»

Entrando ya en el apartado de conclusiones: Por muchas leyes que se dicten desde la Administración sobre la Prevención de Riesgos Laborales, la responsabilidad última debe estar en manos de las personas (y por ampliación, de la sociedad más cercana a cada uno de nosotros), tanto para prevenir, como para solicitar medios preventivos, así como para negarnos a acometer algún tipo de actividad que consideremos que pueda atentar contra nuestra salud y/o seguridad.

Al final las leyes se vuelven (como un boomerang) en contra del propio legislador ya que los que las tienen que cumplir suelen hacerlo aplicando la ley del mínimo esfuerzo, sin preocuparse de ir más allá de lo prescrito en la legislación, tanto a la hora de prevenir cualquier tipo de incidente o accidente, como en el momento de aplicar las medidas preventivas. Hay un chascarrillo popular que asegura que hace mucho tiempo, una vez:

«De un palo de escoba salió un tiro»

Como colofón y botón de muestra de lo escrito hasta aquí, quiero rememorar una experiencia personal que tuve la oportunidad de vivir, hace algunos años en Alemania.

Fui testigo de un simulacro de evacuación de una guardería (kindergarten) en la que, a pesar de lo estridente del sonido de la sirena de la alarma, los niños (casi bebés) se cogieron todos de la mano y, siguiendo a su tutora, salieron ordenadamente de edificio, de acuerdo con las instrucciones establecidas a tal efecto.

El fomento de una cultura de la seguridad, desde la más tierna infancia, facilitará a las próximas generaciones a integrar ese concepto en todas y cada una de sus actuaciones vitales. Lo mismo nos ha ocurrido  a toda mi generación con el uso de los cinturones de seguridad de los automóviles aunque, a veces, pueda perecer que todavía es una asignatura pendiente.

A pesar de que no podemos vivir con la certeza de una seguridad total y absoluta, tenemos que actuar con la conciencia de que tenemos que ser, al menos, los protagonistas de nuestra propia seguridad; pero con la generosidad de pensar, continuamente, en los demás; de saber ponernos en el lugar del otro.

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Una respuesta a “P.R.L. (Un asunto particular)

  1. La seguridad laboral es una de las primeras cosas que se descuidan en situaciones de crisis como la actual. Si la población se concienciara, como comentas, desde el mismo jardín de infancia, la seguridad sería el objetivo principal de muchas empresas.

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