Decisiones sabias

La complejidad de las decisiones directivasEl Profesor del Máster Oficial Universitario en Responsabilidad Corporativa y del Máster Oficial Universitario en Gestión de la Prevención de Riesgos Laborales, la Excelencia, el Medio Ambiente y la Responsabilidad Corporativa de Bureau Veritas Centro Universitario, César González Cantón, nos habla en este post sobre la importancia de educar en la prudencia a los futuros directivos para la correcta toma de decisiones en la gestión empresarial.

Si algo caracteriza nuestro mundo es la incertidumbre y el continuo cambio. Es de gran importancia que la formación impartida en las escuelas de negocios ayude a desarrollar herramientas conceptuales para adaptarse, predecir y generar ese cambio.

La teorización sobre el management del siglo XX se ha caracterizado por el predominio de un modelo de racionalidad al modo de las ciencias naturales: modelos conceptuales, hipótesis, experimentación, etc. Esto tiene, indudablemente, sus ventajas, la menor de las cuales no es su capacidad predictiva o la seguridad de que los resultados llegarán de la mano del método.

En particular, se trata de una metodología especialmente eficaz cuando se trata de elucidar los medios adecuados para llegar a un fin, como cuando se persigue un uso eficiente de los recursos, exprimir un mercado habitual, aumentar el valor de una acción, crearle barreras de entrada a un competidor, etcétera.  Es lo que Aristóteles caracterizó como «razón instrumental».

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando no conocemos el fin? ¿O cuando disponemos solo de un caso ejemplar para guiarnos, a partir del cual no cabe generalizar una ley? ¿O cuando las relaciones entre los elementos son tan complejas que es imposible computarlas? ¿O cuando hemos de crear algo radicalmente nuevo, para lo que no existen instancias anteriores?

Este es el ámbito de la razón práctica, que Aristóteles llamó «phronesis» y que pasó luego a denominarse «prudencia».

Aunque identificada más tarde con la virtud propia del mercader y, por tanto, devaluada de su sentido originario, el hombre prudente es aquel que sabe encontrar el sentido de la situación concreta al contextualizarla en un todo mayor. El que sabe responder a la pregunta, no solo por el cómo, sino por el porqué.

Un tipo de racionalidad en la que no se separan medios de fines, sino que facilita una visión holística. Además, un tipo de racionalidad específicamente humana, ya que tiene que ver con los fines de la acción. Un mono puede ser entrenado para alcanzar el plátano salvando todo tipo de obstáculos. Pero solo una persona puede pararse y preguntarse por qué querer ese plátano o si, quizá, no sería mejor iniciar una huelga de hambre.

Quizá la expresión «sabiduría práctica» responde hoy mejor a lo que tenía en mente Aristóteles.

La sabiduría práctica habilita al directivo para lidiar con un mundo cambiante porque su objeto es el juicio concreto, aquí y ahora, a la luz de los fines perseguidos. En ese sentido, se afina y refina con su continuo ejercicio y, por ello, depende en gran parte de la experiencia. Es lo que Aristóteles denominó «virtud», el hábito de elegir siempre bien.

Hay dos puntos de esta concepción de la toma de decisiones sobre los que merece la pena llamar la atención. El primero es que, al estar tratando con situaciones de gran complejidad y que tienen que ver con la persona como tal, nos metemos en terrenos multidisciplinares. Así, la experiencia del directivo sabio utilizará todos los elementos de que disponga: no solo conocimientos técnicos, sino también de la vida misma, de la literatura, el arte, la biología… cualquier cosa puede valer.

Steve Jobs lo dijo mejor que nadie: «Solo la tecnología no es suficiente. Es el matrimonio de la tecnología con las ciencias humanas lo que genera resultados que hacen cantar nuestros corazones».

El segundo punto es que, hablar del porqué lleva a preguntarse, al final, por los últimos porqués. Esto nos sitúa de lleno en el campo de la ética.

La cuestión más profunda de la sabiduría práctica es cómo se debería vivir. La racionalidad instrumental se centrará en obtener un arma eficiente con el uso de productos químicos mortales. En cambio, la razón práctica nos permite cuestionarnos si este fin es adecuado y si deberíamos fabricar, almacenar y utilizar ese tipo de armas. Max Weber también otorgó a la racionalidad práctica un significado estrechamente relacionado con la ética.

En consecuencia, fomentar el estudio y enseñanza de la prudencia en las escuelas de negocios llevará a los directivos a tomar mejores decisiones, tanto técnica como humana y éticamente.

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